Hoy en día se habla más que nunca del bienestar emocional, ¿es porque el ritmo de vida actual trae nuevos factores que lo amenazan o precisamente lo que se está haciendo es sacar a la luz una necesidad que todos teníamos pero que vivía oculta hasta ahora?

Quizá no tenemos una respuesta a este debate, pero sí que tenemos una herramienta que te puede ayudar a conseguir o, cuando menos, a mejorar tu estado emocional: el mindfulness.

 

¿Cómo comenzó todo?

Es una herramienta más que aceptada y usada por psicólogos, psiquiatras y educadores profesionales, pero ¿de dónde surge el mindfulness? Su origen se encuentra en la meditación, una práctica habitual y muy unida a la religión en muchos países de Asia, digamos que es un fenómeno iniciado con el budismo hace unos 3.500 años.

Sin embargo, el mindfulness como tal surge con la mezcla de estos rituales con la cultura occidental. Con la colonización británica, muchos investigadores se dieron cuenta de los beneficios que tenía la meditación en la forma de vida y el bienestar de la gente que lo practicaba. Así, durante el siglo XX se realizaron diversos estudios y aplicaciones de las técnicas de meditación, libres del aspecto más espiritual de las culturas orientales. Y se demostró clínicamente que eran realmente útiles.

 

El poder del aquí y el ahora

Nuestra mente está acostumbrada a volver a vivir eventos que ya han sucedido para aprender de la experiencia y a anticiparse a los que están por venir, para prepararnos. Sin embargo, este recuerdo y esta anticipación a veces no son útiles, si no que se convierten en una especie de círculo en el que constantemente le damos vueltas a temas que no tienen solución o que no dependen de nosotros y de los que es difícil escapar.

Lo típico, estás en una reunión de trabajo importante dándole vueltas a una discusión que tuviste ayer. O viendo una serie y cuando te quieres dar cuenta no sabes qué ha pasado en los últimos 5 minutos.

El mindfulness te ayuda a estar presente en el aquí y el ahora, tomando conciencia de tus emociones en el momento en que surgen. Es decir, te permite reconocer cómo te sientes en ese instante y aceptarlo sin juzgarlo. Y eso significa un mejor control sobre la respuesta que quieres dar a esas emociones.

 

Llevarse bien con los pensamientos

Además, el mindfulness te plantea una forma diferente de relacionarte con tus pensamientos y emociones, sin identificarlas plenamente contigo. Tomas distancia y los ves como los hechos aislados que son. Es como decir “ahora estoy pensando/sintiendo algo” pero ese algo no eres tú, y es especialmente útil para tomar con perspectiva los pensamientos negativos y abordar los retos con una mente más clara y objetiva.

¿Más ventajas? El mindfulness también te ayuda a reconocer tus necesidades y a cuidarte de manera más adecuada. Desde comer de manera saludable, descansar lo suficiente, tener más contacto con las personas importantes en tu vida o llevar a cabo actividades que te hagan feliz. Todas esas pequeñas cosas que son clave para encontrar el equilibrio emocional.

 

Protegiendo la autoestima

No juzgarte significa no sentirte culpable cuando cometes errores. Y es que tendemos a ser muy duros con nosotros mismos, a criticarnos y a castigarnos cuando, en realidad, no sacamos nada bueno de ello. A través del mindfulness cultivas la autocompasión y la aceptación, aprendes a hablarte de otra forma y contribuye a mantener un nivel saludable de autoestima.

 

Comienza a practicar a tu Rythmo

¿Por qué no lo pruebas? Tómate un momento para estar presente cada día, respirar, enfocarte en algo que está sucediendo aquí y ahora. Y repítelo. Puedes reservarte un momento concreto del día o hacerlo en actividades rutinarias. Por ejemplo, comer. Sé consciente de las sensaciones que se producen en ti, de los movimientos que llevas a cabo al llevarte el tenedor a la boca o al masticar. Dónde notas los olores y sabores y cómo es la textura de cada alimento.

Y puedes hacer lo mismo mientras caminas, te duchas o te lavas los dientes. ¿El truco? Ni es difícil, ni le tienes que dedicar mucho tiempo al día, ni necesitas nada más que a ti mismo, Simplemente constancia, así que… hoy, ahora, puede ser el mejor momento para empezar, ¿no?

 

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